La explotación minera y el conflicto armado sacaron en los dos últimos años de sus lugares de origen a más de 2.000 indígenas del piedemonte costero y el sur del departamento de Nariño.

Así lo manifestó ayer a DIARIO DEL SUR/HSBNOTICIAS.COM el representan de la Asociación indígena y campesina del Gran Jardín de la Sierra, del departamento de Nariño, Julián Otero, en el marco del Cuarto Encuentro Internacional de Culturas Andinas. Precisó que los grupos armados ilegales continúan acechando en el municipio de Ricaurte, donde, según él, se ha visto seriamente perjudicada la comunidad Awá.

Añadió que la explotación del oro por parte de las multinacionales está desplazando a las comunidades campesinas del municipio de Barbacoas. “Como si fuera poco, los grupos armados ilegales también atentan contra las familias ancestrales del Reguardo de Males, del municipio de Córdoba”, sostuvo.

El dirigente Gustavo Cuastumal manifestó que el conflicto armado en los últimos 10 años ha cobrado la vida de 125 indígenas Awá. Por ello sostuvo que ‘La Gente de la Montaña’, como se autodenominan los Awá, adelantan un levantamiento social contra quienes amenazan su supervivencia en el territorio ancestral.

Manifestó que por eso se defienden de los invasores que atentan contra su territorio, usos y costumbres. Indicó que en otras ocasiones un grupo que llegó a Peña Caraño, muy cerca a la frontera con Ecuador, para ejercer autonomía dentro de su territorio y exigir el retiro inmediato de todas las personas, infraestructura y maquinaria relacionada con la minería.

Voceros de la Unidad Indígena del Pueblo Awá, Unipa, explicaron que en la mina La Esperanza había unas 50 personas que se fueron por el río Mayasquer, no sin antes amenazarlos con acabarnos uno a uno. Indicaron que los Awá en el departamento de Nariño están agrupados en la Unipa, con cerca de 22.000 integrantes y Camawari con unos 11.000 miembros, quienes comparten lo que ellos consideran un solo territorio con sus vecinos Awá ecuatorianos.

Extrema pobreza

Manuel Quindó Chisoy indicó que la madre naturaleza se está acabando por la extracción de minerales preciosos que desde hace más de dos años son obtenidos por multinacionales que ingresaron a Nariño y Putumayo.

Recordó que en Nariño las multinacionales pusieron la mirada en Barbacoas, Los Andes y en el volcán de Patascoy ( Putumayo).

El dirigente comunitario Marino Chindoy explicó que según investigaciones etnográficas, los resguardos Awá ocupan una gran extensión territorial, carente de vías y con población muy dispersa en una geografía selvática, lo que facilita la intimidación de los actores armados. Añadió que los indígenas están olvidados por el Estado y viven en extrema pobreza.

“Sin embargo, la institucionalidad avanza con el Plan de Salvaguarda para este pueblo indígena, un compromiso que estableció -en el 2009- el Gobierno Nacional, luego de dos masacres ocurridas en febrero y agosto de ese año contra esta población en áreas rurales de Barbacoas y Tumaco, donde fueron asesinados más de 20 indígenas”, recordó.

Dijo que los Awá son escépticos sobre los avances del Plan de Salvaguarda. Según Juan Edgardo Pai, uno de los voceros de la Unipa, las soluciones dadas desde el Estado, como la mayor presencia de Fuerza Pública, motivan acciones de la subversión y las bandas criminales, como la siembra de minas antipersonal, que afectan principalmente a los indígenas.

Agregó que para los Awá y otras comunidades ancestrales es difícil mantener un liderazgo cuando tienen la presión de grupos armados, que en la noche suelen salir a cometer sus fechorías.

Abandonan hogares

“La extracción del oro legal o ilegal, está acabando con los recursos naturales, principalmente con el agua y los bosques, por eso en algunas poblaciones de Nariño comenzó a escasear el vital líquido”, manifestó el indígena Silvio Puchag. Añadió que la violencia también está desintegrando los hogares indígenas, debido a que muchos de ellos se han visto en la necesidad de abandonar su tierra natal.

Muchas minas

El dirigente comunitario Ernesto Bisbicus indicó que las minas antipersonal también son un peligro para las comunidades ancestrales. Subrayó que pese a los programas del Estado por erradicarlas, los grupos armados ilegales las siguen utilizando. Indicó que en la costa y el piedemonte los campesinos e indígenas son los más afectados.

Pérdida de identidad

Carlos Sigifredo Obando, quien representa a la comunidad indígena del Pueblo de los Pastos, precisó que la violencia al provocar los masivos desplazamientos genera la pérdida de la cultura que los identifica. “Es por ello que en algunos resguardos de la región se está acabando la difusión de los mitos y leyendas que dieron origen a cada población”, expresó.

Amenaza latente

“En Cumbal y otras poblaciones del sur de Nariño las comunidades indígenas están a expensas de los grupos violentos. En varias ocasiones han sido objeto de robos en los cuales han perdido el ganado”, manifestó el líder comunitario Alfredo Reina.

Autodestrucción

“El mismo ser humano es el autor de las tragedias ambientales que se presentan en Nariño y otras regiones de Colombia. Las erosiones y desbordamientos de los ríos se producen por los incendios forestales intencionados y la explotación minera”, expresó el indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, Luntana Lingula. Añadió que la codicia de la humanidad la está llevando a extinguir su propio hábitat.

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